APOSTILLAS INTERNACIONALES

La Interdependencia con lo Exterior

Por Eduardo H. Cundins – (Dr. RR.II.)

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Sorpresivamente, la canciller argentina dimite el Día Internacional del Personal de Paz de Naciones Unidas.


En su artículo primero, la Carta que dio razón de ser a la institución mundial por excelencia, refleja su propósito fundamental: “Mantener la paz y la seguridad internacionales”.


No solo fue funcionaria del organismo ecuménico sino que fue candidata firme para la silla de Secretario General. Es más, el 23 de junio de 2010, en el Ministerio de Defensa argentino, se ufanó en conducir la segunda fuerza militar desplegada en el orbe (después de la de EEUU, a la sazón en Irak-Afganistán). Ella era la Jefa del Departamento de Apoyo Logístico para las Operaciones de Paz de la ONU, organismo con presupuesto varias veces millonario.


Por entonces, los 120.000 efectivos desplegados ya dolían una parte de los, hoy, 3.500 fallecidos en el transcurso de su servicio a la paz acumulados desde 1948. También le fue endilgada su inacción ocultando transgresiones a la ética y abusos sexuales perpetrados por parte de los boinas azules (no-argentinos); delitos que habrían quedado impunes.


En la imprescindible homeostasis que todo organismo vital debe observar para el reaseguro de su existencia, la interacción con el medio que lo rodea, esta célula política que es el estado, requiere interrelacionarse con el resto de sus pares (vecinos, regionales y globales) en un delicado e inestable balance de cooperación y competencia para lograr la esencia de su “proyecto sugestivo de vida en común” que, según Ortega y Gasset, constituye nuestro acuerdo interno, signado a perpetuidad.


Como fuera concluido en el último panel del Centro de Estudios Institucionales de la Defensa y la Integración Regional (CEDIR) , la conducción del estado en las últimas décadas ha demostrado que mantiene una “disociación entre las estrategias de inserción internacional, las de desarrollo y la de defensa nacional” que en los países centrales son sincrónicas. Es más, no se ha percibido una verdadera política exterior sino una política internacional de posicionamiento basada en intereses antes que en valores, aspecto inadmisible para un país que, como ningún otro, blande la bandera del Derecho Internacional de los Derechos Humanos. El Derecho Humano de un niño muerto en el Chaco, en Berazategui, en Guinea Ecuatorial o Somalía tienen el mismo peso ontológico aunque no pueda darse reciprocidad “comercial” o beneficio para su reconocimiento.


Esta asimetría, trasladada a la relación con sus pares regionales ha llevado al UNASUR a una anomia aun más evidente que la del MERCOSUR, CEPAL u OEA. La crisis venezolana, lo evidencia. Y, paradójicamente, como el sustractum de la estrategia, pudieron los lazos de la sangre comprometidos en Haití en oportunidad de su crisis humanitaria y de seguridad internacional tejer vinculaciones imperecederas que no las lograron las relaciones comerciales ni económicas. Haití fue el catalizador, la enzima que obrara la unidad que da esa hermandad de los que se ven sometidos a un mismo riesgo. Pero la paz no ha formado parte de la agenda. Una frondosa galería nacional de prohombres comprometidos con la paz y contra la violencia quedaron soslayados. Una vez más el valor de la PAZ (con mayúsculas) ha quedado de lado.


La asimetría aun es más dramática y se materializa en la imposibilidad de la integración internacional a partir de la incapacidad de la propia cohesión interna. Los conflictos son más internos y la clasificación de la Cruz Roja Internacional se hace más evidente con la presencia de subestados, fragmentaciones y agrietamientos en elementos individuales o celulares que socaban la integridad monolítica del cuerpo social atentando contra su estabilidad y haciéndolo sucumbir ante la desunión, la intriga y el colapso interno.


El enemigo enquistado se confunde y mimetiza en el tejido social, en el agresor de la AMIA, el de las Torres Gemelas, el perpetrador de Charly Ebdó, el del mercado de Berlín, el del aeropuerto belga, el del paseo marítimo de Niza. Convive con nosotros y amenaza al mismo huésped que lo cobija., “como pez en el agua” que le da vida.


Somos el conjunto de lo “NO otros”. Somos la resultante de aquello que nos resulta ajeno. Somos el residuo que se corporiza ante la nuda respuesta de lo extraño, del extranjero. Esa ajenidad, rayana con el desinterés, nos condena a ignorar un mundo que nos reclama protagonismo, el rol que en toda asociación debe asumir el miembro pleno.

 

1Ver informe: “LOS IMPERATIVOS DE LA POLÍTICA DE DEFENSA EN ARGENTINA Y AMÉRICA LATINA. DESAFÍOS E INCERTIDUMBRES PARA LA INTEGRACIÓN EN EL ACTUAL CONTEXTO GEOESTRATÉGICO”. Disponible en http://www.clna.com.ar/actividades/docs/17-05-02%20informe%20cedir.pdf

 

EDUARDO H. CUNDINS - (Dr. RR.II.)

 

Las opiniones vertidas en este artículo no representan necesariamente las del Círculo de Legisladores y del IEERI.

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